Carta de un joven músico


Diletante

Querido, Maestro:

No recuerdo el día en el que decidí ser músico ni el año ni el mes, pero sí el porqué. Han pasado muchos años ya, no sé si fue una decisión sabia o incorrecta, salvaje o pueril, lo que sí sé, es que fue sincera. ¿Para qué le sirve a la humanidad tanta presunción sobre todo el arte creado, si no es verdadera ni con su propia especie?

          He conocido dos clases de músicos: los estafadores y los verdaderos. Aquellos charlatanes que navegan con variopintas banderas. Sí, esos que utilizan la música como alimento para su insaciable ego. Esos que presumen de sus grotescos malabarismos. Los que viven a costa de la música, mas no haciéndola. ¿Qué clase de personas pueden ser aquellos que teniendo la oportunidad de tocar un instrumento, lo usan para las más diversas formas de vulgaridad, egocentrismo, banalidad y…

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